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SÁBADO SANTO - VIGILIA PASCUAL

SÁBADO SANTO - VIGILIA PASCUAL

Texto Bíblico: Lucas 24:13–35 (cf. Mar. 16:12, 13).

INTRODUCCION

Una caminata por un sendero, por una montaña fresca por la sombra de los árboles, escuchando los cantos armoniosos de los pájaros, que como un concierto armonioso muy bien organizado les regalan a los caminantes sus ofrendas musicales. Es un gusto que ningún ser humano debe de perderse.

Emprender una caminata siempre será gratificante, es muy agradable, para todo ser humano. Ya sea por ejercicio o por entrar en contacto directo con la naturaleza o entrar a otro ambiente o por indicaciones médicas. Iniciar una caminata de esta manera, será siempre muy agradable y confortante.


Pero la caminata que leemos en los textos citados comienza con dos de los discípulos de Jesús extremadamente desencantados, que están abandonando la causa por la cual, tres años antes, lo habían dejado todo. Pero ahora, después de tres días de esperar a su líder en el que habían creído, la realidad vivida los ha convencido de su tontería, y partían para tratar de reconstruir sus vidas que habían dejado atrás. En un fin de semana se les había escapado todo, el único ideal que había llenado sus corazones jóvenes de esperanzas.

Esta es una caminata diferente a las que hemos mencionado. Es una caminata en la cual los caminantes llevan sobres sus hombros cargando toda una frustración encima. Ellos volvían a sus casas y a sus trabajos con una gran decepción. Regresaban pensando nuevamente en volver a recoger las redes que un día habían abandonado cuando Jesús les llamo. Púes su líder había muerto y con ello morían también las esperanzas que un día habían albergado en sus vidas.

El Sumo Sacerdote había declarado la muerte de su líder. ¡Jesús de Nazareth ha muerto, paz a sus restos! Cuando Jesús murió el grupo de seguidores se convirtió en un cuerpo con el corazón quebrantado. Los seguidores de Jesús en un momento se volvieron hombres acabados, terminados y frustrados. Estaban terriblemente asustados y sin esperanza alguna.

COMENTARIO

El relato de los discípulos de Emaús es propio de Lucas (Lc 24,13-35). Marcos sólo refiere como una corta noticia (Mc 16,12). Lo relatado por Lucas ocupa lo medular de la fe cristiana, la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte, explicando aquello que los ángeles comunicaron a las mujeres que visitaron el

sepulcro: « ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (24,5-6; cfr. 1 Cor 15,17). El mismo día en que encuentran el sepulcro vacío y reciben la noticia de la resurrección de Jesús sucede lo de Emaús (24,13).

La caminata de Jerusalén a Emaús tiene un hondo significado para la fe cristiana. Dos de los discípulos de Jesús bajan de Jerusalén camino a Emaús situada a unos 12 kilómetros de la capital (Lc 24,13). A través de esta caminata se alejaban de Jesucristo muerto y resucitado en Jerusalén y de los que habían creído en el proyecto de Jesús. Alejarse de Jerusalén, por tanto, es abandonar la causa de los necesitados es abandonar al Señor mismo y por lo tanto es abortar la misión (cfr. Hch 1,8).

Desconcierto y frustración

Para estos caminantes ya no existían las posibilidades de que lo ya ocurrido tuviera trascendencia alguna posteriormente. Pedro, el líder natural, estaba deprimido, más allá de lo soportable, primero, por la conciencia de haber negado a Jesús por salvar su vida. La caminata de Emaús tipifica e ilustran el ánimo de los seguidores de Jesús después de lo sucedido en Jerusalén.

De cualquier forma que queramos describir esta caminata, no es una caminata agradable como las que hemos mencionado. El v. 16 quiere decir que Dios de alguna manera impidió que los dos discípulos reconocieran a Jesús y no fue que él tuviera una apariencia distinta, sino que su misma frustración se los impidió. Pretendiendo no saber nada Jesús, se enteró de qué era lo que les entristecía y que se rumoreaba que su tumba estaba vacía. Estaban seguros de que Jesús había sido un profeta, pero de que Jesús haya resucitado era un poco difícil de creerlo, solo se escuchaban rumores.

Una de las esperanzas que había muerto en ellos era de que él fuese quien redimiese a Israel, pero no podían entender cómo había sido rechazado por los gobernantes y por los mismos de su pueblo. Recordaban que había existido una profecía de su resurrección al tercer día, pero su desconcierto no les permitía dimensionar el asunto de la resurrección ni mucho menos de nadie que hubiera visto a Jesús resucitado.

Jesús mismo caminó con ellos y mientras lo hacía respondió que el sufrimiento era un preludio necesario para que el Mesías entrara en su gloria como rey y les condujo a las Escrituras que así lo profetizaban. Sin embargo, ellos no comprendían esta situación, el mismo estado de frustración los hacía actuar de esa manera.

Sea que los dos discípulos hayan o no recordado fue como que un velo hubiera caído de sus ojos y no pudieron reconocer a Jesús. Fue hasta más tarde que se dieron cuenta de que, aun desde mucho antes, mientras Jesús caminaba con ellos les iba hablando en el camino de lo sucedido en Jerusalén. Habían sentido una extraña sensación, diciendo ¡como mi corazón ardía mientras el caminaba y hablaba con nosotros! Inmediatamente, se levantaron para ir a Jerusalén de regreso y contarlo a los demás.

Los discípulos se dieron cuenta que Jesús había dicho que algo importante ocurriría al tercer día y que se daba por sentado que su tumba estaba vacía. Los caminantes de Emaús entendieron sobre Jesús, e inmediatamente se dieron cuenta que la caminata iba más allá de Emaús. El camino necesariamente tenía que pasar por la cruz, por el sufrimiento y por el compromiso, por el camino a Emaús y regresar a Jerusalén.

Jesús reorienta a los caminantes de Emaús.
El camino a Emaús, como ya lo hemos dicho, es el retorno a lo cotidiano, a la vida que los discípulos tenían antes de conocer a Jesús. Emprender la caminata hacia Emaús es matar la ilusión de la liberación del pueblo de Israel, es el fin de la utopía humana (Lc 24,21). Era buscar refugio y aceptar el fracaso del plan salvífico de Dios, el fin de la utopía divina.

Sin embargo, en esta caminata ocurrió lo inesperado, el encuentro con el Resucitado y el reencanto con su persona y con la misión que el mismo les había confiado. Por eso mismo no se establecen en Emaús, sino que se ven interpelados a regresar a Jerusalén, la ciudad donde los espera el poder de lo alto y la comunidad de creyentes que confiesa a su Señor. Regresar a Jerusalén, es confirmar con los apóstoles su experiencia del Resucitado. Es en Jerusalén, y no en Emaús, donde se forjaran los testigos de aquel «que vino a dar su vida en rescate por todos» (Mc 10,45), es escuchando al caminante que los acompaño hacia Emaús que se inicia la Gran Comisión.

El camino de Galilea a Jerusalén (Lc 9,51) es la senda del discipulado, de quien sigue a Jesús (Hch 1,21; 4,13) para estar con él y aprender de él (Mc 3,14). El camino de Jerusalén a Emaús es la ruta interior del desencanto y del abandono del seguimiento. El regreso de Emaús a Jerusalén es la senda donde se escucha la Palabra y se comparte el pan para reconocer al Resucitado y vivir en comunión con él y con nuestros prójimos.

ACTUALIZACIÓN

Era muy evidente que Jesús había sido crucificado y muerto públicamente, pero de su resurrección solamente unos pocos lo sabían. Hasta ese momento solo las mujeres que habían visitado su tumba. El verdadero significado de la resurrección se encuentra recorriendo el camino a Emaús y volver a Jerusalén. Realizar esta caminata es devolver la esperanza a los desesperanzados. ―Si Cristo no resucitó, vana es vuestra predicación‖ Palabras dichas con mucha firmeza y con mucha convicción por el Apóstol Pablo.

Entonces la esperanza viene a través de creer en la resurrección, pero que sin duda alguna era necesario realizar la caminata a Emaús para confirmarla. El centro de la fe cristiana está en la resurrección, pero que esta resurrección se confirma realizando la caminata. Porque la fe cristiana en Dios es fe en la resurrección. Por lo tanto esta es la gran esperanza que nos consuela y que nos levanta, es lo que sintieron los caminantes de Emaús cuando su corazón ardía mientras Jesús hablaba con ellos.

Es la resurrección de Jesús lo que levanta a los caminantes de Emaús e ir a Jerusalén. Este espíritu de la resurrección como dice el Dr. J. Moltmann, me da la fuerza para vivir aquí completamente, amar completamente, morir completamente porque tengo la certeza que voy a resucitar también completamente. En esta esperanza soy capaz de amar a todas las criaturas porque sé que ninguna se va a perder. Por lo tanto la caminata a Emaús, es la confirmación de la resurrección de Jesús.

Fuente: Msc. William Ulises Rodríguez Arce Director de la Escuela de Humanidades Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King Jr
Contacto: E-mail: wurodriguez@gmail.com



Tomado de: MEDITACIONES BÍBLICAS SOBRE EL CICLO DE PASCUA: CUARESMA-SEMANA SANTA-PASCUA-PENTECOSTES

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