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San Martín protagonizó una de las gestas más increíbles de todos los tiempos - EL CRUCE DE LOS ANDES -

San Martín protagonizó una de las gestas más increíbles de todos los tiempos - EL CRUCE DE LOS ANDES -

Los argentinos todavía no le han dado al "Cruce de los Andes"la dimensión que tiene esta gran epopeya histórica.

San Martín, el héroe de una de las gestas más increíbles de la historia mundial

Cruzar la cordillera en esa época equivalía a llegar a Marte en la actualidad.

La gesta sanmartiniana fue tan grande que ni siquiera la historiografía dependiente pudo omitirla. Los argentinos no tenemos dimensión que el cruce a Los Andes, para aquella época equivalía a llegar a Marte en la actual. Y es bueno que lo advirtamos porque esa es la grandeza suramericana que integra nuestra identidad. 
Tenemos la suerte que el “Padre de la Patria” haya nacido en suelo correntino. Su historia debe ser tomada como una guía para los gobernantes argentinos. Un hombre que rechazó los honores y luchó contra sus hermanos con el único ideal de la libertad.

 

Si hay un prócer que identifica a los argentinos, ése es José de San Martín, el Libertador. 
Fue un ejemplo de sacrificio y desprendimiento. Rehusó todo tipo de honores del poder y las tentaciones del dinero. Cuando advirtió que su tarea había concluido, se retiró definitivamente de la vida pública a cambio de nada. 
No es casual que en la enorme mayoría de los pueblos y ciudades de nuestra patria, la avenida principal lleve su nombre. En el día del aniversario de su fallecimiento, es propicio repasar los aspectos más destacados de su vida, obra y pensamiento. 
José Francisco de San Martín y Matorras nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, en la actual provincia de Corrientes, a orillas del río Uruguay. 
Su madre, Gregoria Matorras, era española. Su padre, Juan de San Martín y Gómez, también. 
Era un militar con el grado de capitán que había combatido en Marruecos, y fue nombrado gobernador de los pueblos indios de las Misiones de Yapeyú. El matrimonio tuvo cinco hijos: María Helena, Manuel Tadeo, Juan Fermín, Justo Rufino y José Francisco. A los 5 años José viaja a España con toda su familia, que se establece en la ciudad de Málaga (Cádiz). Al año siguiente, ingresa al Seminario de Nobles, donde aprendió artes, matemática y filosofía, y comenzó a apasionarse por la esgrima.

El plan para una América libre 

Hacia 1813, Alvear era el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y su ambición personal desmedida provocó que se enemistara con San Martín, luego de varios años de compartir los mismos ideales revolucionarios. Alvear y sus partidarios eran mayoría en la Asamblea del Año XIII, pero demoraban la declaración de la independencia porque pretendían establecer un gobierno fuerte y centralizado. 
Ante esta situación, San Martín prefirió aceptar hacerse cargo del derrotado Ejército del Norte, que estaba al mando del General Manuel Belgrano, y continuar así su plan continental de libertar a América. En Yatasto (un pueblo ubicado entre Salta y Tucumán) Belgrano entrega el mando a San Martín, quien informa al gobierno sobre el estado de su tropa describiéndolo como: “Tristes fragmentos de un ejército derrotado”. 
El plan continental de San Martín tenía su punto de culminación en Lima, capital del antiguo Imperio de los Incas y corazón del poder español en América. 
Lima era todo un símbolo. San Martín sostenía que si caía Lima, caían los realistas en el resto de América. Pero no estaba de acuerdo con llegar a ella atravesando el Alto Perú con el Ejército del Norte: el trayecto era muy largo y dificultoso, por lo que el ejército llegaría agotado y disminuido para entrar en Lima. 
San Martín consideraba que el Norte no era para avanzar, sino para resistir los avances de los realistas. Y esa misión fue cumplida a la perfección por Martín de Güemes y sus gauchos, quienes aguantaban la presión basándose en maniobras rápidas de astucia y sorpresa. 
San Martín sostenía que lo más conveniente era llegar a Lima por mar, navegando por el Pacífico. Para ello había que cruzar previamente la cordillera, luego libertar a Chile, y desde allí, con un ejército estimulado por el triunfo y más descansado, atacar Lima y libertar al Perú. 
Esa maniobra de llegar a Lima desde el Sur se completaba con una maniobra similar, pero a la inversa, a cargo del General Simón Bolívar, quien luego de independizar a Venezuela, Colombia y Ecuador, llegaría por el Norte con igual propósito. 

 

El cruce de los Andes 

En agosto de 1814, San Martín fue nombrado Gobernador Intendente de la provincia de Cuyo y se trasladó a Mendoza para asumir el cargo. Era un nombramiento sumamente estratégico, porque desde allí podía planificar el Cruce de los Andes con más autoridad y poder en la toma de decisiones. Por empezar, su condición de Gobernador le permitió dictar un decreto que imponía el servicio militar obligatorio, y así empezaría a conformar la base de su ejército. 
Mendocinos, sanjuaninos, puntanos, chilenos vencidos en Rancagua, desertores, negros esclavos y hasta un grupo de ingleses que vivían en Cuyo terminaron por darle forma a la tropa, dispar en su conformidad pero unida en el sentimiento común de libertad. 
Toda la población colaboraba con la formación del Ejército de los Andes. Donaban mulas, caballos, armas. Las damas mendocinas confeccionaron los uniformes y la bandera. 
Todo el dinero necesario para la campaña se obtuvo de una serie de decisiones de San Martín: aumentar los impuestos a los más ricos, reducir los sueldos de los empleados públicos y confiscar bienes y propiedades a los realistas. Además de todo esto, tomó en algunos casos las limosnas de las iglesias y conventos, y hasta el sacerdote fray Luis Beltrán fundió campanas de iglesias, candelabros y cuanto metal encontraba para la construcción de las armas. 
El ejército que se preparaba recibió el nombre de Ejército de los Andes, y San Martín fue designado su General en Jefe. Recibió todo el apoyo del Director Supremo (para entonces Juan Martín de Pueyrredón), quien igualmente respondió a un nuevo pedido de San Martín diciendo: “No me vuelva usted a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la Fortaleza”. 
Antes de iniciar la campaña, San Martín tejió una red de espionaje para engañar a los españoles de Chile. Primero, le hizo creer al Capitán General español Marcó del Pont que el Ejército de los Andes no cruzaría la cordillera e iría a defender la frontera norte, dejando a Cuyo sin protección. Marcó del Pont estuvo a punto de cruzar los Andes y partir hacia Buenos Aires, pero desistió por lo dificultoso de la misión. De haberlo hecho, San Martín lo hubiese esperado y atacado por sorpresa en Mendoza. En otra oportunidad, reunió a los caciques araucanos y les hizo creer que necesitaba su ayuda para cruzar la cordillera por el Sur. El sabía que los indios iban a avisar a los españoles sus planes. Marcó del Pont se enteró y en efecto concentró sus tropas en el Sur. 
Luego, San Martín envió a Alvarez Condarco a cruzar la cordillera con un pedido de rendición a los realistas de Chile. El propósito era que Alvarez Condarco retuviera en su memoria los lugares por los cuales debía hacerse el cruce. No podía realizar ningún dibujo o escrito, porque si era tomado prisionero por los españoles estos adivinarían los planes del Ejército de los Andes. La misión era muy riesgosa, porque como se descontaba que los realistas iban a rechazar el pedido de rendición, era probable que como represalia no dejaran volver a Alvarez Condarco. El Ejército de los Andes estaba integrado en total por 5.200 soldados, 3 generales, 28 jefes de batallón, 207 oficiales y 15 empleados civiles. Además, tenía casi 10.000 mulas, 1.500 caballos, 18 cañones, 6.000 fusiles, 1.129 sables y 700 reses para alimentarse. 
El cruce se realizó por seis pasos diferentes, desde la partida del campamento desde El Plumerillo entre el 18 y el 20 de enero de 1817. San Martín eligió esa época porque en el verano las temperaturas no son tan bajas y la nieve disminuye. Los pasos por los que se cruzó fueron: Los Patos; Guana, Uspallata, del Portillo, del Planchón y Comecaballos. La travesía duró 15 días y la mayoría de los soldados sufrieron por la altura (que llegaba a los 5.000 metros en algunos casos) vómitos y mareos. En efecto, el grueso del ejército español estaba en el sur. Cuando Marcó del Pont se enteró que San Martín había cruzado a la altura de El Plumerillo, envió de inmediato las tropas a Santiago de Chile. Unos 3.000 españoles fueron vencidos en la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, en un ataque dividido en dos columnas al mando de los generales O´Higgins y Soler. Marcó del Pont huyó con destino a Perú con parte de sus tropas, pero los granaderos lo persiguieron y lo tomaron prisionero. 
El 14 de febrero San Martín entró en Santiago y fue nombrado Gobernador de Chile, por decisión de un Cabildo Abierto. San Martín no aceptó el nombramiento, que recayó finalmente en Bernardo O´Higgins. Casi un año después se proclamó la independencia de Chile, el 12 de febrero de 1818. Pero a la semana, en una noche y por sorpresa, las tropas fueron atacadas por los realistas en Cancha Rayada, sufriendo una derrota de la que se repusieron el 5 de abril en los llanos de Maipú, consolidando la definitiva libertad de Chile. 

Aún desde Europa, San Martín continuó hasta su muerte preocupándose por el cuerpo y el alma de la

Aún desde Europa, San Martín continuó hasta su muerte preocupándose por el cuerpo y el alma de la Argentina. En varias de sus cartas aboga por una mano firme que ponga orden en la patria. Cuando esa mano firme enfrenta al invasor extranjero, en la Vuelta de Obligado, San Martín redacta su testamento, disponiendo:

“El sable que me ha acompañado en la independencia de América del Sur, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido de ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.”

Aún desde Europa, San Martín continuó hasta su muerte preocupándose por el cuerpo y el alma de la Argentina. En varias de sus cartas aboga por una mano firme que ponga orden en la patria. Cuando esa mano firme enfrenta al invasor extranjero, en la Vuelta de Obligado, San Martín redacta su testamento, disponiendo:

“El sable que me ha acompañado en la independencia de América del Sur, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido de ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.”

Argentina. En varias de sus cartas aboga por una mano firme que ponga orden en la patria. Cuando esa mano firme enfrenta al invasor extranjero, en la Vuelta de Obligado, San Martín redacta su testamento, disponiendo:

“El sable que me ha acompañado en la independencia de América del Sur, le será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido de ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.”

 


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