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11 de SEPTIEMBRE DIA DEL MAESTRO - BICENTENARIO DEL NATALICIO DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

11 de SEPTIEMBRE DIA DEL MAESTRO - BICENTENARIO DEL NATALICIO DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

El 15 de febrero se conmemoró el natalicio de Domingo Faustino Sarmiento. Juliana Enrico -docente e investigadora de la Facultad de Ciencias de la Educación (UNER) -repasa en el siguiente texto algunos de los aspectos de la vida del prócer, al cumplirse 200 años de su nacimiento.

Por Juliana Enrico

“… ¡No; no ha muerto! ¡Vive aún! ¡Él vendrá!”
Sarmiento, Facundo

Viajero, filántropo, amante, obstinado, conflictivo, apasionado y loco, como él mismo ironizara en relación con las expresiones de sus contemporáneos en su ocaso político.
Sarmiento, el padre de la escuela pública argentina, nació en un territorio humilde de San Juan que metafóricamente podría acercarse a la imagen de las “últimas poblaciones” del poema hernandiano: un paisaje desértico, desolado, pobre, cuyo futuro no podría ser sino de oscuridad. 
Esta imagen de un “horizonte incierto”, oscuro, impenetrable e imposible, cuyas figuraciones poéticas luego describiera en Facundo (en lo que Altamirano denomina el “orientalismo” sarmientino) fue transformándose en su mirada y en su escritura al fundar la necesariedad del atravesamiento histórico del antagonismo “Civilización o Barbarie”, logrando instituir un nuevo imaginario moderno, civilizado, adecuado a las lógicas subjetivas, relacionales, sociales, del mercado capitalista internacional y del mundo letrado occidental.
Domingo Faustino Sarmiento es reconocido  por la historiografía nacional como el padre de la educación argentina, al introducir una transformación epocal fundante del canon pedagógico moderno.
El imaginario sarmientino logra cristalizarse entre mediados y fines del siglo XIX al instituir los fundamentos del sistema público de enseñanza que por siglos ha formado nuestra identidad, transformando radicalmente el escenario político-cultural al constituir una nueva ciudadanía letrada y un nuevo concepto de nación, articulados constitutivamente por las lógicas del espacio escolar -algunos de cuyos rasgos democráticos e inclusivos centrales permanecen hasta el presente-.
Recordemos entonces, frente a la episteme o el clima del espacio intelectual y cultural de entonces (con rasgos ilustrados, románticos, racionalistas, naturalistas, racistas, eugenistas) algunos acontecimientos o puntuaciones centrales de la experiencia sarmientina en relación con su obra educativa, para intentar interpretar las articulaciones políticas  que van constituyendo una discursividad común entre su historia y el Zeitgeist que impregna las prácticas del momento.
La incisión en el registro histórico que da lugar a la matriz educativa moderna, de corte liberal y laicista , nos lleva a una pregunta que se extiende hasta un Sarmiento no nacido aún, anterior al hijo y anterior al padre de la educación nacional. Extraña circunstancia que lo ubica en la génesis del sistema educativo, al tiempo que se construye la infancia  de la nación desde las voces revolucionarias de inicios del siglo XIX.
La posibilidad simbólica misma de esta narrativa histórica se condensa en la figura de Sarmiento, signado como el “hijo de la Revolución” (en sus propias palabras), condensación semántica que será una figura central en la reconceptualización del juego discursivo de la historicidad del momento, adviniendo en un reordenamiento racional de la temporalidad, del espacio social, de las valoraciones subjetivas.
Las memorias pedagógicas de Sarmiento invisten las memorias de toda su vida, porque la totalidad de sus vivencias (las relaciones políticas, los exilios, los viajes, los amores, los libros) se le aparecen significadas como una instancia de lectura y de conocimiento profundo de su tiempo, que consiste en producir una dislocación en las identidades históricas del presente, con eje en una necesaria transformación educativa que implicará un cambio cultural de central importancia, gestado justamente desde el nuevo canon letrado del mundo occidental que debe hacerse traducible a la totalidad de la nación. 
Con el estilo de las reminiscencias proustianas, Sarmiento describe en Recuerdos de provincia su gesto fundacional de inscripción simbólica en el imaginario político que hace posible, en el curso del siglo XIX, la liberación de nuestro pueblo americano de la dominación de la corona española sobre el territorio del Río de la Plata. 
Inicia su relato histórico inscribiéndose en el centro mismo del horizonte mítico de la Revolución.
Extrañas emociones han debido agitar el alma de nuestros padres en 1810. 
La perspectiva crepuscular de una nueva época, la libertad, la independencia, el porvenir, palabras nuevas entonces, han debido estremecer dulcemente las fibras, excitar la imaginación, hacer agolpar la sangre por minutos al corazón de nuestros padres…
Yo he nacido en 1811, el noveno mes después del 25 de mayo, y mi padre se había lanzado en la revolución, y mi madre palpitado todos los días con las noticias que llegaban por momentos sobre los progresos de la insurrección americana… (Sarmiento, Recuerdos de provincia: 165) 
En esta trama se inscribe, a su vez, la articulación histórico-cultural de la Revolución de mayo de 1810 (acontecimiento que inicia el “desprendimiento” del pasado colonial español, arcaico, atrasado, monárquico y feudal, en nombre de “un nuevo tiempo propio de las naciones libres sudamericanas”) con la historia educativa de nuestro país. Tal “puntuación” consiste en un mito fundacional que instaura un nuevo escenario social (Dussel, Southwell, 2009), el cual se despliega conflictiva y lentamente durante la casi totalidad del siglo XIX. 
Analizando el programa político-ideológico de Sarmiento -cuyos principales argumentos se centran en el progreso sociocultural- Halperín Donghi (2004) sostiene que su “desgarrado estilo político” constituye -frente al proyecto de la “república posible” de Alberdi- el pasaje fundamental del pasado colonial a un estadio postrosista que posibilite una definitiva organización y estructuración (económica, social y política) de la nación. 
En tal sentido, menciona que al estudiar Sarmiento las condiciones de desarrollo de la realidad norteamericana -o las condiciones “culturales” que harían posible un determinado crecimiento económico de nuestro pueblo- dimensiona el valor fundamental de los saberes universales del mundo letrado, como modo de inscripción y de transmisión de la ley y de la cultura mediante un nuevo pacto simbólico. 
El proyecto político-educativo sarmientino constituye, en este escenario, el discurso central de la transformación fundante de la nación argentina, no limitándose a imaginar el espacio público escolar necesario para la integración y formación de la unidad nacional, sino instituyendo una transformación social y cultural que atravesó una multiplicidad de dimensiones de la vida civilizada.
La gramática sarmientina excedió claramente los límites del campo intelectual y del campo pedagógico, al configurar los fundamentos relacionales (políticos, sociales, institucionales, subjetivos, pedagógicos) de todo el sistema de educación popular, necesarios para la constitución definitiva de la nación moderna. 
Mediante este ideal civilizatorio Sarmiento tiene la intención de realizar una sustancial obra educativa que se traduzca jurídica y socialmente al instituirse en una diversidad de espacios formales (el orden legal, el Estado y su sistema de instrucción pública, el propio dispositivo del sistema de escuelas, la formación de maestros, los programas pedagógicos, las metodologías didácticas); espacios que constituyan a su vez un ejemplo vivencial que trascienda a todo ambiente extraescolar: las prácticas familiares, la lectura en voz alta en diferentes ámbitos sociales y comunitarios, el uso del tiempo y la extensión de la moralidad y la disciplina del cuerpo a la esfera pública, la escritura, en fin: todas las normas y formas simbólicas adecuadas a las lógicas civilizadas del mundo ilustrado.
En este escenario, el concepto de “Educación popular” en Sarmiento no se restringía a la alfabetización y la escolaridad básicas, sino que “penetraba toda la esfera social y cultural de su tiempo”, como lo sostiene Bombini (2009), impregnando las formas de vida de la época.

Fuente: www.fcedu.uner.edu.ar/noticias/noticia.php

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